Amo ser Doula

¨Todas las mujeres merecemos el cuidado de una Doula. Algunas mujeres merecemos convertirnos en Doulas porque es reparador y porque es una vía abierta para dar amor” L. G.

Me conmueve que tantas mujeres invirtamos tiempo y dinero en prepararnos para acompañar a otras mujeres en su paso hacia la maternidad. Para hacer un  curso de Formación de Doulas hay que invertir una cantidad considerable, es decir, hay que pensarse bien la inversión y disponer de casi 200 horas para dedicar exclusivamente a ello. Al final, en nuestras manos habrá un certificado que probablemente nadie vea porque no tenemos un consultorio para colgar diplomas como los médicos. Es decir que invertimos nuestros recursos en obtener algo…  intangible?.

Me alegra que tantas mujeres tengamos la conciencia puesta en esto y actuemos a favor de prepararnos porque, siendo por naturaleza buenas acompañantes, queremos ser aún mejores. Verlas atentas, al igual que yo, sin desperdiciar un segundo, sin cabecear, aguantando las ganas de ir al baño para no perderse nada, tomando nota o sintiendo y asimilando lo que se dijo. Mis ganas son aumentadas por sus ganas. Verme allí  le da a mi vida un sentido total. Me llena de gozo y de pertenencia.  Me recuerda esta cara hermosa de la vida.

 

Aprender a ser Doula me define. Esta dedicación saca a la superficie a una yo que amo que exista. Es atenta, es paciente, está muy presente, conciente de sí misma, dispuesta a servir y observa todo con infinita compasión, vulnerabilidad y entrega.  Es su propia Doula.

“Para convertirse en Doula es imprescindible tener bien trabajados los aspectos personales referidos al maternaje” sigue diciendo Laura Gutman. Dicho así suena sencillo pero mirándolo con lupa, tener bien trabajados los aspectos personales referidos al maternaje es un encuentro con la propia historia, con la historia de tu madre, de tu abuela y con la evolución de esa sociedad en la que han sido madres tus madres y tú. Los aspectos personales iluminan la sombra, revisan las memorias, las creencias, las carencias,  la autoconcepción, el automaternaje.

Por eso, prepararse para acompañar es un camino sinuoso lleno de flores y espinas. Empieza por atender el lugar desde el cual acompaño: yo. Es un profundo trabajo de autoconciencia  nutrido por mujeres con la misma intención. Y hay tanto de sanación en ello.
Cuánto me satisface entrenar para significar una mujer que sostiene  a otra emocional y mentalmente   en su proceso de traer vida. Cuánto valor he requerido para  reconocerme, aceptarme, perdonar las cosas que no han sido como yo quise que fuesen y crecer en amor. Para recordar que tengo el poder de caminar por mí misma y estar allí  recordándolo a otras.

La Formación de Doulas es un espacio donde se me abre el alma. Rodeada de 18 mujeres a la que sostengo y me sostienen; las impregno de mi dolor y me responden con su amor, me impregnan con su dolor y mi amor sale en respuesta. Porque sí, el cuerpo duele y todas tenemos historias. Estar allí es como sumergirse en el agua y hacer una limpieza profunda de mente, cuerpo y corazón. Tanta agua, humedece cicatrices que se habían endurecido y, al ablandarse, desprenden materia inútil, se limpian. Y en el dolor  crezco y en la alegría crezco. En el espejo crezco. La formación de Doula es un espacio donde me sumerjo en la profundidad de la esencia femenina, feroz y tierna.

 

 

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